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miércoles, 1 de mayo de 2013

El otro extremo. Ingeniero White, Buenos Aires, Argentina

Como no se me ocurrió antes, tuve que considerarla gracias a una fotografía gigante que se me presentó impertinentemente en el hall de la terminal bahiense, mal, estuve mal y le pido perdón a Ingeniero White por mi omisión. Claro, hablamos del otro extremo de la pampa gringa, de la ciudad puerto del lejano sur, de aquella que alguna vez quisieron confrontarla con mi Rosario, un pequeño enclave golpeando a las puertas de la Patagonia que concentra en treinta manzanas puerto, ferrocarriles vivos y muertos, inmigrantes, óxido, lucha social, museos, intrigas nazis, anarquistas, prostitutas, transnacionales sedientas, pequeña flota amarilla, personajes convertidos en historia viviente, adoquines, silos y todos los aromas que ellos conllevan, casi todos mis temas en treinta manzanas.
Las seis primeras fotos corresponden al Museo del Puerto, espacio múltiple que aloja en sus salas la historia de la comunidad, sus logros y su sangre derramada, ámbito que cada domingo recibe visitantes con meriendas y fantasías. De la siete a la nueve muestro el paisaje portuario que separa este reducto cultural con el predio del Ferrowhite y la usina General San Martín, hasta la dieciséis se muestra el interior de este personal museo ferroviario, monumental archivo que alberga miles de piezas rescatadas de todas las líneas que se empeñaron por callar y que encuentran en este lugar un ámbito de lucha y resonancia, edulcorados con irónicas figuras que entronan a los buenos y los malos de esta película eterna llamada Argentina.
Las cuatro últimas corresponden al edificio que alberga la casa del espía, residencia del germano administrador de la usina que supuestamente enviaba a Alemania data sobre la ubicación de la flota mercante argenta durante la locura de la segunda guerra mundial, una especie de satánico y despiadado Doctor Pepichensenn del traste del mundo.
Mapa esquemático que contempla al conjunto de edificios que componen este demencial complejo.
Me apasiono con la charla de antiguos ferroviarios como don Caballero (en facebook archivo caballero), un pequeño demente que se sabe todas las numeraciones de las locomotoras que alguna vez surcaron los rieles argentos, para quién conoce mi extraña afición por memorizar números estúpidos este personaje me lleva cien cuerpos de ventaja a sus ochenta y tantos, señal que solo el amor salva a los mortales de un final decadente, estos ferroviarios derraman amor por su oficio, por sus vías, por su vapor recalentado, por los sonidos del telégrafo, por los horarios, las planillas, los andenes, los boogies, los uniformes, sus herramientas, los números, aman y deliran de amor, estremecen y duelen, duelen en su dolor.
Compro un libro sobre la usina, me regalan material referente al museo y puerto, alucino ante encontrar en un pequeño predio todos los temas que me mantienen vivo. Me abren la casa del espía, la residencia del nazi confeso director de la generadora de energía hoy convertida en museo temático y cafecito sumamente acogedor ente medio de intervenciones que rozan el surrealismo, charlo con su encargado, otro apasionado, otro personaje imperdible y todavía me faltaba prestarle la atención necesaria al castillo neo medieval que se asomaba por delante. No me quiero ir!!!.

http://ferrowhite.bahiablanca.gov.ar/afuera.htm

Enlace a la página oficial del Ferrowhite, página primordial de la historia de la región y de la Patria toda.

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