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sábado, 13 de abril de 2013

Sobre óxidos y gemidos. Frigorífico Armour de Punta Beagle, Santa Cruz, Argentina

- Usted sabe la cantidad de gente de Piedrabuena que se construyó la casa con restos del frigorífico
- Me imagino
- Había un doctor que iba y venía con cosas que iba sacando, y no sabe la casa que se levantó
- Me imagino.
-Sabe señor acá nadie cuida nada, a nadie le interesa la historia, porque en ese lugar si que hay historia, sabe
- Me imagino
-Ahí hay que tirar todo a la mierda, no sirve para nada, tenes que levantar un hotel diez estrellas, con casino, y si queres dejalo con las chimeneas así parece un barco de esos grandes, sabes la de gringos que vendrían
-Me imagino.
Mientras recorría las instalaciones me venían a la mente frases, dichos, consideraciones, aseveraciones, historia aprendida y aprehendida y realmente se podría usar una forma común para retratar a cada uno de estos gigantes del pasado, cambiando tan solo su ubicación geográfica, su uso original y algún detalle de color, el resto de la cuestiones tienen un hilo común, un proyecto de país para pocos, los otros muchos que reclaman y consiguen lo que les corresponde, los pocos que abandonan el barco o mutan según los imperativos dictados por los centros de poder mundial, los muchos que cada vez son mas, que andan a los tumbos entre promesas, agua y demagogias, los pocos que esperan el momento para retomar el proyecto de país que los vio nacer y mientras tanto destruimos, saqueamos, rapiñamos, negamos, revisionamos la historia y los objetos propios de cada momento como si nos fueran totalmente ajenos, como si nada nos perteneciera como patrimonio de un pasado opresivo o glorioso. Dale nomas, dale que va...
Habíamos pasado unas tres horas entre medio de escombros acompañados por el viento que hacía sonar cada parte de la estructura como un instrumento musical dentro de una sinfonía perfectamente bella y macabra, creo que es lo que le voy a robar a este lugar, me llevo esa conjunción de golpes, chirridos que suenan a quejidos, gemidos, como si algún tipo de dolor perpetuo aquejara al gigante, o tal vez sean las voces de los apaleados y desterrados durante la huelga obrera de 1919, mal de muchos podríamos decir, o mejor dicho mal de todos.
La vuelta se hace rápida, será por el intercambio de sensaciones que le sacó protagonismo al camino. Vuelta a Piedrabuena, devolución de las llaves, cataratas de gracias y como bonus track, Pancho me ofrece arrimarme hasta Puerto San Julián, próximo eslabón de la Ruta Azul que pretendo descubrir.


Un rico café en la YPF de la ruta, una rápida parada en el Gran Bajo San Julián y una despedida afectuosa a quién me hizo el aguante ante toda la locura viajera que me posee cuando ando en medio de óxidos, historias y soledades.

3 comentarios:

  1. Felicitaciones, Rodo, por estos post´s, además de ser fantástica la información que nos brindás, tus fotos son maravillosas! Ya sabes que me gusta mucho tu forma de "contar los viajes". Gracias, siempre. Y abrazos

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  2. Excelente descripción de lo que sentimos unos pocos cuando la historia de un lugar se vuelve tangible, presente por un momento, y la tristeza por su abandono y saqueo...!!!! Cuando sera el dia... que en este país le demos importancia a los orígenes!!!

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  3. Excelente descripción de lo que sentimos unos pocos cuando la historia de un lugar se vuelve tangible, presente por un momento, y la tristeza por su abandono y saqueo...!!!! Cuando sera el dia... que en este país le demos importancia a los orígenes!!!

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