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domingo, 14 de abril de 2013

El Swift de Puerto San Julián, Santa Cruz, Argentina

El resto de la mañana del tercer día lo utilicé para encontrarme con el otro frigorífico costero que me interesaba conocer, el Swift. Previo al arribo sobre el camino costero que se dirige al mismo encontramos la Tumba Scholl que guarda los restos del teniente inglés Robert Scholl, marino de la fragata Beagle capitaneada por Fitz Roy que falleciera en el año 1828.
El edificio se ubica a 11.5 kilómetros de Puerto San Julián por el mencionado camino costero, trazado que vincula todo el cordón de playas al norte de la localidad, desgraciadamente el día muy nublado y una lluvia intermitente y fastidiosa acortó el paseo y le restó brillo a las tomas. El Swift motor económico de la población costera se mantuvo en actividad desde 1910 hasta 1967, encontrándose hoy casi totalmente desmantelado por las acciones vandálicas tan comunes a nuestra cultura del "total no me ve nadie".
Las calderas, las estructuras, las paredes de ladrillo traído desde Inglaterra, y hasta edificios completos han desaparecido, o han sufrido daños tan profundos que se tornan irrecuperables, pena, rabia que mas decir, sería tan solo una cuestión de sinónimos.
Sobre la pequeña bahía encuentro a un viejo remolcador que seguramente fue abandonado subrepticiamente como ocurrió con las instalaciones de éste y otros emprendimientos durante la década de los sesenta.
Alejados del cuerpo principal se ubican los bloques de habitaciones para los trabajadores, totalmente destruidos y sin techo, la lluvia volvió a escena y el camino costero es de tierra que desmejora con el agregado de agua, rápido paso por la casa del gerente y el contador, sobre la entrada del complejo, obviamente grandes y confortables.
A continuación dejo un enlace muy completo sobre la problemática de los frigoríficos patagónicos

http://www.oni.escuelas.edu.ar/2003/santa_cruz/283/historia.htm

Un róbalo a la crema con toda la bahía enfrente, y la sensación de tarea cumplida, todavía faltaba mucho por recorrer, los tres días habían sido tan intensos que los primeros síntomas de cansancio empezaron a sonar como una mínima alarma. La tarde entre museos y aviones completará la jornada, la noche será con tormenta y corte de luz, el viento, los rayos y la lluvia estrellándose sobre el ventanal de la habitación me inquietan, pero me duermo acompañado por una canción Tehuelche, las anécdotas entre los aviadores de la Aeropostal, las voces de los marinos de la Nao Victoria, el recuerdo de Floridablanca, las palabras, las fotos y la pasión por su ciudad por parte de Marita Molina, cruces de sensaciones que desplazan al tiempo feroz a un plano de tenue brisa primaveral.



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