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miércoles, 26 de diciembre de 2012

Intimidades de una tierra que reclama ser escuchada, Curi Leuvú, Neuquén, Argentina

El viaje continúa hacia el N, en búsqueda del pequeño asentamiento de Tricao Malal por caminos engalanados con pequeños puentes de madera a escala de la cantidad de vehículos que circulan por esas huellas desoladas, cruzo cauces definitivamente secos, alguno que dibuja un ténue hilo de agua y otros engalanados por torrentes que cortan el silencio con cierto estruendo, intentando teñirse de verde en sus bordes irregulares. San Sebastián, patrono de la zona se hace presente con su distintivo rojo y amarillo.
Cerca de Curi Leuvú, el suelo regado por acequias se presenta generoso en vegetación, cortando el imperio de la piedra, imponiendo la noción de un vallecito que adivino un oásis en medio de tanta desolación.
La nota diferente la genera el pequeño museo de Curi Leuvú, que guarda vestigios de un sitio arqueológico descubierto casualmente en 1984, durante unas excavaciones correspondientes a la apertura de un canal de riego. El sitio representa uno de los más relevantes ejemplos de contacto indígena-hispano y corresponde a un cementerio Pehuenche utilizado en el siglo XVIII, siendo el hallazgo más notable un conjunto de láminas y casquetes de metal, pertenecientes a una coraza, y partes de un yelmo de cuero, como así también numerosos objetos vinculados a la vida ecuestre como, estribos, frenos, espuelas, lo que reivindicaría la hipótesis de un intenso mestizaje y entrelazamiento cultural producido en la región entre los pueblos originarios y la sociedad hispano-criolla de Chile y Cuyo. El edificio del Museo era una vieja escuela utilizada a principios del siglo XX, y fueron los propios pobladores de la zona quienes celosamente cuidaron que los hallazgos no fueran depredados y quedaran expuestos en las proximidades del yacimiento. Su cuidadora realmente denotaba pasión y orgullo por lo ahí exhibido, respondiendo con paciencia y conocimiento las preguntontas que uno suele formular en estos casos.
Salí agradecido y emocionado por ver a una comunidad unida tras su historia personal, esa que muchas veces se ha separado del sitio de los hallazgos para engrosar bellos museos en las capitales de Provincia, o en los grandes centros urbanos que nada tienen en común con tales materiales
La vuelta hacia Chos Malal.la hice acompañado por un cordón de nubes blancas en medio de un profundo celeste que me remitió a la bandera más larga del mundo que se exhibe en mi Rosario durante la fecha patria del 20 de junio, 25000m de trozos unidos con el amor a los colores patrios, cobijados en el proyecto Alta en el Cielo.
La acuarela celestial la disfruto desde el mirador ubicado tras la terminal de ómnibus, corre un poco de ese viento patagónico que tanto me conmueve, vuelvo cortando camino alejado de toda la ortodoxia del manual buen escalador, cola en tierra, y un alúd que enfila a 132km/h hacia el restó de Nahuel y Javier, La Balsa, un bálsamo con toque gourmet aprendido muy lejos de sus casas, pero que con orgullo sureño vuelcan en su tierra para disfrute de quienes apreciamos las comidas de carácter regional con un toque personal.
Dignísimo final con Don Carlos y Señora, dueño del hotel en donde me alojaba, compartiendo mesa, anécdotas, datos de una ciudad y región que me serán imposibles de olvidar.

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