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sábado, 29 de diciembre de 2012

Neuquén al Norte, donde no alcanza la vista para tanto que ver, Argentina

Al pié de la cordillera del viento se produce la alquimia entre las turbias aguas del Neuqúen, cristalino por s y las cristalinas aguas del Varvarco provenientes de la laguna homónima al norte extremo de la Provincia
                        Cañón del río Atreuco, daliniano paisaje custodiado por su majestad el Domuyo.
El descenso al Atreuco es un camino rodeado de piezas pétreas salidas de una pintura del genial Dalí. Carlos sigue viaje hacia las márgenes del pequeño y torrentoso curso de agua para preparar una pata de chivito a la estaca, mientras me deja unos 3 kilómetros cuesta arriba para que disfrute de un paisaje alucinante. La bajada la hago muy despacio tratando de no dejar de mirar, necesito poder captar todo lo que el paisaje me ofrece y pareciera que es tanto que no lo puedo asimilar, el Domuyo a lo lejos, el cañón, el río, las formaciones, las nubes, los verdes, la nieve, el camino serpenteante, viento, un tibio sol de mediodía.
                                                          Las piedras y el paisajista
Las rocas parecen dispuestas por un escenógrafo, por un paisajista, por vaya a saber que civilización proveniente del espacio sideral, por el Creador universal, o simplemente por nuestra Madre naturaleza que nos da la posibilidad de a cada paso reflexionar sobre nuestra efímera pasada por su reinado de vida.
                                           El Domuyo, alto en el cielo, techo de la Patagonia
Maestro volcán, a la lejanía me rindo ante su imponente porte, una asignatura por muchos años esquiva que un día de tibio noviembre por fin pude concretar.
El chivo estaba a punto, lo comimos con la mano, sentados en unas piedras, sin elemento alguno que denotara buenos modales, casi un primitivismo que encajaba a la perfección con un paisaje salvaje, tan solo elogios, agradecimientos y silencio.
Seguimos viaje, subiendo hacia el cañón del Covunco, las formaciones se hacen aún más extrañas, hay pequeñas huellas que llevan hacia ellas, pero todavía falta bastante por recorrer y un desvío haría que no viéramos Los Bolillos por ejemplo. La última toma corresponde a otro San Sebastián, ahora en el punto más alto de la trepada a Covunco, luego vendrá el descenso, el cruce del río y la búsqueda de los géiseres del Domuyo, otro imperdible dentro de este espectacular norte neuquino, tan bello como desconocido.

1 comentario:

  1. Genial, hermosos paisajes,,, te juro que amo los pueblitos asi en medio de la nada, al amparo de dios y los paisajes como este. Quiero ir a conocer ojos de agua. dentro de poco salgo con la mochila a recorrer otra vez, x si te interesa: Ayax Mochila, un abrazo fuerte y segui viajando!!!

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