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sábado, 27 de abril de 2013

Caminante hay camino. Por la 1 hacia el Sur, Camarones, Chubut, Argentina

El décimo día cae domingo, no hay planes previos ya que convenimos con el Amigo Walter que intentaríamos ir a Bustamante el lunes bien temprano, ya que mi vuelta a Trelew está pactada para las cuatro de la tarde. Mientras desayuno pienso que todavía no les rendí homenaje a dos clásicos en todos mis viajes, el camino y el amanecer u ocaso, siendo muy tarde para crepúsculo tendría que pensar en algo que contuviera las otras opciones, así que tipo diez salgo para la Playa Elola distante seis kilómetros hacia el sur por la RP1.
Poco antes de los dos kilómetros me desvío por un camino rumbo al mar con la intención de terminar el recorrido por la playa, a los quinientos metros y con el azul a la vista imprevistamente un curso de agua verde amarronada me interrumpe el paso, pensé que sería producto de las intensas lluvias quizás un curso seco que se activa con ellas, alcanzo altura en busca de un paso y el paisaje me regala una visión poco conocida de la estepa cercana al mar, un arroyo meandroso, verde musgo que pareciera no ser parte de la geografía originaria, vuelvo a la ruta después de andar casi sin rumbo durante una media hora justo donde el curso la atraviesa, sin puente alguno con el agua en los tobillos me paro sobre él y resulta inevitable la referencia a nuestros ríos litoraleños, marrones cargados de sedimentos terrosos. Gané unos dos kilómetros por entre territorio virgen porque ahisito nomas estaba el cartel que indicaba la distancia faltante a Camarones. La playa está completamente desolada, reinan el viento que ha vuelto a ser mi compañía y los sonidos del agua besando la costa.
Son las doce, me retrasé un poco andando a la deriva y para colmo de males al viento lo tengo de frente.
Las huellas digitales de la 1 nos hablan de climas pasados, de quienes se le han animado después de la lluvia y en verdad abrigo esperanzas de poder mañana descubrir Bustamante, son pasadas la una de la tarde, llevo recorridos unos doce kilómetros y el pueblo está al alcance de mis ojos,.
Un cartel indica la dirección que tenemos que tomar para llegar a Caleta Sara, el problema es que no dice cuán lejos estamos de tal destino, todo un clásico patagónico, la mala información a cerca de como llegar a lugares por fuera de las grandes venas de tráfico. Llego cansado, fueron catorce kilómetros en casi cuatro horas, que incluyeron una ruta desolada al extremo, una travesía a campo traviesa sin GPS, ni 4x4, playa ventosa, silencios y sonidos de la naturaleza en su estado mas puro.
Para la tarde me espera el tramo norte de la 1, tramo mas plano, sencillo y quizás menos atractivo en cuanto a camino , no a paisaje ya que va pegadita al mar.

                                            Al andar se hace camino
                                            Y al volver la vista atrás
                                            Se ve la senda que nunca
                                            Se ha de volver a pisar.
                                            Caminante no hay camino sino estelas en la mar...


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