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miércoles, 17 de abril de 2013

Mi historia mínima. Fitz Roy, Santa Cruz, Argentina


http://www.youtube.com/watch?v=FDRK065HA9I

Estuve todo el día pensando que palabras utilizar para poder explicar que sensaciones afloraron cuando bajé del colectivo en la estación de servicios utilizada como improvisada terminal  y comencé a caminar por la calle paralela a la ruta sin saber donde ir, juro que me di varias veces vuelta como para confirmar que el bote salvavidas que podía acercarme a la confortable ciudad aún seguía ahí, sabiendo que cada paso que daba me sumergía más y más en un espacio y en un tiempo del cual no sabía nada. Fitz Roy es la vigésima segunda localidad de la Provincia de Santa Cruz con una población cercana a los 200 habitantes, y mi intención aquí es conseguir alguna movilidad que me permitiera visitar el siempre esquivo Monumento Nacional Bosque Petrificado situado a 140 kilómetros al SO de donde me hallaba parado en ese momento.
Ubico una oficina de informes turísticos al otro lado del pueblo, una joven me dice que desde aquí nadie me llevaría, que no hay persona alguna que se dedique al turismo, que no tiene ningún material, salvo un pequeño volante de una empresa de Caleta Olivia  aprovecho para sacar las fotos al monumento al peón rural y camino sobre mis pasos hacia la otra estación de servicios propietaria de la única cabina telefónica para hablar con alguien que quisiera escucharme. Hago la misma pregunta a quién atiende ese espacio múltiple que contiene a todo el movimiento local, venta de nafta, gomería, mecánica, teléfono, Internet  comida, bebidas, máquina de café expreso, mercería, regalería, disquería, oficina de informes y consultorio psicológico, y obtengo como respuesta algo que deliberadamente quise evitar, salir desde Puerto Deseado, gentilmente me informa sobre el teléfono de la principal operadora turística de dicha localidad costera, llamo, me atienden, me escuchan, me responden que estaba loco, y sí por eso estaba ahí, que vivo hace tiempo que lo sé.
Llamo a Caleta Olivia, me atienden, me escuchan, y me responden lo mismo pero mas amablemente.
Posiblemente a la mujer del griego, propietaria del centro de gravedad de Fitz Roy le habré transmitido la sensación de desamparo que me embargaba, quizás haya desnudado mi indefección, tanto que dejó de atender a unos camioneros tipo ruta 66 que se impacientaban, a un matrimonio mayor de turistas y a un paisano para dedicarme unos minutos de su tiempo valioso.
- Ya está le voy a hablar al encargado del Parque que pasa todas las mañanas por aquí
- Bueno, si no le es molestia
- Tuvo suerte, mañana tipo 10 lo pasa a buscar por aquí, vio que fácil
- Que quiere que le diga, usted es genial, no se me ocurre otra cosa, gracias, gracias...
- Vaya a las cabañas y venga mañana
- Gracias!!!!
Las cabañas pertenecen a un complejo que está en constante crecimiento en cuanto Fitz Roy se consolida como punto de descanso en medio del más absoluto vacío que resulta ser la RN3 entre Caleta y Puerto San Julián, el conjunto se amplía junto al auge de la minería radicada en las cercanías, y junto al cada vez mas creciente turismo que comienza a descubrir los hasta ahora ignorados secretos que esconde la estepa al norte de Santa Cruz. La dama que con harta dulzura me atiende, me informa que en la número 1, la que me asigna, estuvo parando el actor este que protagonizó la película de Carlos Sorín Días de Pesca, Alejandro Awada le digo, sí, ese. Al gesto de desamparo, indefección y angustia se le sumaban, sorpresa, estupor, emoción, y fui por más, por casualidad no sabría en cual de las dos camas, no deje, no dije nada..., no, no me acuerdo, en esta se ve mejor el televisor, habrá sido en esta, no no me acuerdo, pero que buena persona, usted también es actor...,...,...
Al gris natural del cielo plomizo se le sumaba la hora, y es que entre tanto ida y vuelta había transcurrido una hora del tea time, por suerte Fitz no es San Pablo y a paso rápido todo queda a cinco minutos, de todas maneras a la estación tenía que llegar por la vía y a medida que se agigantaba su estructura se agigantaba la desilusión de verla toda abandonadita, pintadita de verde lavado, claro quizás la maquillaron para que aparezca bella durante el rodaje de Historias Mínimas y después se olvidaron de ella, como se olvidaron de tantas, aunque hace un tiempo se habló de la posibilidad de restablecer el servicio ferroviario entre Deseado y Las Heras, tanto que según me contó la mujer del griego una vez se bajó del colectivo un Otto de acento muy lejano que haciendo malabares le preguntó mientras ella atendía un par de camioneros tipo ruta 66, a que hora pasaba el próximo tren, que tren, que tren, que tren, que tren....,....,....

El tiempo corría inversamente proporcional a mi deseo de no abandonar el lugar, a mis ganas de quedarme dos eternidades tras ese mamparo de vidrios rotos, percibiendo los sentimientos de quienes esperaban su tren protegidos del viento del oeste, pero me debía unas fotos al viejo hotel y los surtidores y le debía las llamadas a la mujer del griego, que olvidé pagarle entre tanta angustia y alegría. Pagué mis deudas, compré comida y me fui a sentar sobre el antepecho del ventanal de la estación de servicio que me vio bajar unas cuatro horas antes, estuve un rato, entré al bar, pedí un café con la idea de capturar la esencia de ese manantial de oasis, quería sentirme como los ángeles Damiel y Cassiel que, luego de la Segunda Guerra Mundial, vagan por las calles de Berlín. Siendo invisibles para los ojos humanos, aprovechan para observar las acciones de la sociedad y conocer más de cerca los secretos de las personas. Secretos, soledad, ausencias, miedo, carencias.
Ya entrada la noche volví a la habitación tratando de enumerar las sensaciones que había experimentado durante esas seis horas y las enumeraciones suenan demasiado racionales para poder contenerlas en la función memoria, en verdad la tarea me resultó tan imposible como encontrar hoy las palabras que reprodujeran exactamente los sentimientos vividos en aquel set en que actuaba la película de mi vida.

http://www.youtube.com/watch?v=1vB3bXPwNbM

1 comentario:

  1. Fantástico post! Genial relato. Qué más te puedo decir? Gracias, Rodo.

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