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jueves, 11 de abril de 2013

La rosa abandonada. El Armour de Punta Beagle, Santa Cruz, Argentina

De repente una descomunal nube negra me invadió el alma, como si toda la tormenta se hubiera convertido en incertidumbre, músculos tiesos y ojos perdidos, estaba parado frente a una segunda tranquera atiborrada de candados y en mi poder tenía tan solo una llave, claro todo fue muy fácil, seguramente el tipo estaría cansado de tantos visitantes y les jugaba una broma macabra a los curiosos y molestos. Recordamos haber pasado un desvío y haber divisado algo que parecía un techo rojo, quizás erramos el camino, quizás alguien tuviera las llaves del cielo, quizás, quizás, quizás...
Barro hasta el ombligo, un par de perros impávidos, una dama muy viejita que no mostró inquietud alguna ante la presencia de Butch Cassidy y Pepe Payaso.
- Buen día señora, mire venimos de Piedrabuena con el señor (Pepe Payaso) que es fotógrafo y le anda sacando fotos al frigorífico, nos podría decir por donde queda, el dueño del campo nos dejó pasar
- Por allá, por el caminito ese
- Sí pero el señor nos dio una llave sola que abrió la tranquera principal y ahora hay otra que tiene como cuatro candados más.
- Nooo, están todos arrimaditos, pasen nomas.
- Ahhhhhhh!!!!, Gracias señora, gracias.
Todos arrimaditos..., bueno volvió la imagen a color, hasta mejoró el camino, ya no habían charcos-lagunas y cuando todavía nos reíamos por nuestro acto de ingenuidad, imprevistamente surgió de entre los pastos altos la descomunal figura de la rosa abandonada, con sus chimeneas, sus volúmenes de escala monumental, y los restos del pueblo habitación, un nuevo sueño de viajero del tiempo materializado, el Armour estaba a pocos cientos de pasos.
Señoras y señores se los presento, el Armour de Punta Beagle, megaestructura construída en 1914 que faenó cientos de miles de cabezas de ganado ovino hasta 1962, cuando los ingleses abandonaron la factoría de un día para otro dejando hasta las bolas del último partido de billar que había quedado inconcluso la noche anterior, vajilla, ropa de cama, alimentos, enceres, y por supuesto máquinas y materias primas, elementos que perduran hasta nuestros días en el mismo estado inicial...., no, mentira, no quedó nada, y no se robaron los bloques porque se les venía el resto del edificio encima, postal que se repite en las abandonadas minas de la Puna salteña, en los trazados ferroviarios desafectados, en tanta cosa que un día fue esplendor, luego abandono y hoy tierra arrasada.

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